¿Por qué es fundamental el uso de catálogos nacionales de fármacos estandarizados para lograr que dos sistemas distintos entiendan que están hablando del mismo principio activo?
En un sistema de salud fragmentado como el nuestro, la ausencia de un estándar común obliga a que cada institución opere de manera aislada, generando verdaderos "silos de información" organizados con codificaciones locales. Esta falta de uniformidad provoca que un mismo principio activo, diagnóstico o procedimiento sea registrado con términos o siglas diferentes según la plataforma que se utilice, incrementando la carga administrativa y la desconexión entre los establecimientos de la red. Por ello, los catálogos nacionales estandarizados, de fármacos y otros, son la base para habilitar la interoperabilidad semántica dentro del ecosistema de salud, y la implementación de estos catálogos garantiza que el significado exacto de la información compartida sea unívoco y consistente en todas partes, estableciendo un lenguaje común que permite interpretar de manera más adecuada los datos clínicos compartidos, y asegurando que un mismo concepto médico sea entendido de igual manera por un profesional en cualquier punto del país. De esta forma, cuando dos sistemas de información heterogéneos intercambien datos entre sí, podrán reconocer con certeza que se refieren al mismo principio activo y eliminar cualquier riesgo de ambigüedad o error de interpretación.
La información farmacológica codificada uniformemente en un contexto interoperable permite contar herramientas que ayudan a mejorar la toma de decisiones, disminuir costos innecesarios para las instituciones y el paciente mismo, evitar exámenes duplicados y salvaguardar la continuidad del cuidado de las personas a lo largo de su proceso asistencial, impactando directamente en la seguridad clínica y en el bienestar general de los pacientes.
¿Cómo se asegura la integridad del dato desde que el médico firma la receta digital hasta que el farmacéutico la valida en el punto de dispensación?
Para asegurar la integridad del dato a lo largo del ciclo de la receta electrónica no es suficiente el uso de terminologías e interoperabilidad semántica, también se requiere la convergencia de la interoperabilidad sintáctica y la adopción de altos estándares de ciberseguridad.
De manera simplificada el caso sería: un médico, debe generar la prescripción en un sistema, que usa formatos y estructuras de datos comunes, tales como HL7 FHIR, para estructurar sintácticamente el mensaje, y que además debe soportar catálogos nacionales como la Terminología Farmacéutica Chilena (TFC), permitiendo la comunicación ágil, estandarizada y libre de ambigüedades entre instituciones. Esta receta, es firmada digitalmente por el médico y viaja por una infraestructura con protocolos de comunicación robustos, que permite la conexión entre diferentes sistemas. Finalmente, en el punto de dispensación, el farmacéutico accede en tiempo real y valida la receta directamente en su sistema, lo que elimina de raíz la necesidad de transcripciones manuales o interpretaciones erróneas causadas por letras ilegibles. En este proceso cobra relevancia el Sistema Nacional de Receta Electrónica.
Esta integración digital permite que la receta "viaje" de forma fluida junto con el paciente por toda la red asistencial, garantizando una dispensación segura que respeta su autonomía y facilita el acceso oportuno a sus terapias. Ahora bien, en entornos de hospitalización, el control se puede extender hasta el mismo punto de administración del medicamento mediante la sincronización del registro clínico con la farmacia y el sistema de farmacia con las bodegas, pero aquí se suma el uso de estándares para trazabilidad como GS1. Con lo anterior es posible registrar automáticamente en la ficha clínica del paciente: el fármaco exacto, la persona que lo administró, el número de lote y su fecha de vencimiento, cerrando un ciclo clínico, transparente, libre de fallos, seguro y eficiente.
Con respecto a los estándares de información de salud, ¿Por qué es importante actualizar la norma técnica 820 e incluir estándares internacionales para la trazabilidad y operación logística de productos?
En Chile, el gasto público en medicamentos se duplica aceleradamente cada seis años; sin embargo, las bodegas hospitalarias suelen ser de los eslabones tecnológicos más débiles, operando en ocasiones mediante registros aislados o planillas Excel. Cuando los sistemas de almacenamiento no interoperan ni incluyen estándares internacionales, como por ejemplo el GS1, dependen de codificaciones locales y digitaciones manuales que vuelven prácticamente inviable la trazabilidad de los fármacos, transformando la gestión de éstos en una "caja negra" que impide localizar oportunamente un producto, por ejemplo, ante una alerta sanitaria. Este tipo de estándares resuelve esta falta de visibilidad al permitir la identificación única, inequívoca y global de fármacos e insumos. Por ello actualizar los marcos normativos técnicos e incorporar formalmente el estándares internacionales es una prioridad urgente para modernizar la operación logística y la eficiencia del sector salud.
¿De qué manera la interoperabilidad de la receta reduce el riesgo de errores de medicación por letra ilegible o desconocimiento de la historia farmacológica previa del paciente?
La interoperabilidad de la receta electrónica constituye una de las herramientas más relevantes para fortalecer la seguridad del paciente y reducir los errores asociados al uso de medicamentos.
Desde una perspectiva clínica, el químico farmacéutico ocupa una posición estratégica como nexo profesional con conocimientos técnicos entre el médico prescriptor y el usuario de medicamentos, siendo el profesional especializado en medicamentos responsable de validar la prescripción, detectar problemas relacionados con los medicamentos y asegurar una dispensación correcta y segura.
Diversos estudios internacionales han demostrado que los sistemas de prescripción electrónica permiten disminuir más del 70% de los errores asociados a la prescripción manuscrita, especialmente aquellos derivados de: letra ilegible, errores de interpretación de dosis, frecuencias de administración incorrectas, uso de abreviaturas peligrosas, omisión de información crítica, transcripción errónea de recetas, entre otros.
El Sistema Nacional de Receta Electrónica: elimina la interpretación visual de la receta y el químico farmacéutico recibe información estructurada, disminuyendo significativamente la posibilidad de error. Sin embargo, el principal avance del Sistema Nacional de Receta Electrónica (SNRE) no es únicamente reemplazar el papel, sino permitir por primera vez la construcción de una historia farmacológica longitudinal del paciente dentro del sistema privado de salud, lo cual destacamos enormemente ya que las clínicas privadas no tenían sistema de comunicación con las farmacias independientes o de cadenas, quedando ahora la gran necesidad que con urgencia se sume el SNRE al sistema público de salud.
Desde la perspectiva del Colegio de Químicos Farmacéuticos y Bioquímicos de Chile A.G., el sistema nacional de receta electrónica es un hecho histórico para Chile respecto a la seguridad para el paciente relacionado a su medicación, estándares comunes de identificación de medicamentos, terminologías farmacéuticas homologadas y participación activa del químico farmacéutico. Esto último no tan solo en la validación de las terapias, sino que también siendo responsable de prestar servicios como son la educación al paciente y recomendaciones sobre sus tratamientos, desarrollar la farmacovigilancia y la evaluación de la adherencia farmacológica priorizando el lograr objetivos clínicos que permitan mejorar la calidad de vida del paciente. Sí, es posible consolidar un sistema más seguro, ético, eficiente y centrado en el uso racional de los medicamentos.
¿Cómo ayuda la visibilidad de los datos de adherencia al tratamiento para ajustar las terapias de forma personalizada?
Es importante precisar que, en la etapa actual del Sistema Nacional de Receta Electrónica, la información disponible corresponde principalmente a la prescripción y a la dispensación del medicamento. Por ello, cuando se habla de “adherencia”, en rigor se trata de una estimación indirecta basada en la obtención o retiro oportuno de los medicamentos prescritos, sin poder asegurar que el paciente los consume efectivamente según las indicaciones médicas.
Para conocer la adherencia real sería necesario ampliar el ecosistema digital del medicamento incorporando información proveniente de: Fabricación, Distribución, Prescripción, Dispensación, Administración mediante el reporte del paciente y el seguimiento farmacoterapéutico de parte del químico farmacéuticos a modo de realizar de forma preventiva acciones que tengan como objetivo el uso racional de los medicamentos y la prevención de los problemas relacionados a los medicamentos (PRM) y situaciones de riesgo.
Desde la perspectiva clínica del químico farmacéutico, disponer de información histórica integrada abre una oportunidad sin precedentes para desarrollar servicios farmacéuticos avanzados centrados en el paciente.
Por ello, el Sistema Nacional de Receta Electrónica debe entenderse como la base de una futura plataforma interoperable de gestión farmacoterapéutica, en la que el químico farmacéutico aporte su conocimiento especializado para transformar datos de prescripción y dispensación en intervenciones clínicas concretas que mejoren los resultados en salud.
En este contexto, la interoperabilidad no solo mejora la continuidad asistencial, sino que permite avanzar hacia una atención farmacéutica personalizada, segura y centrada en el paciente, fortaleciendo el uso racional de medicamentos y contribuyendo significativamente a la prevención de errores de medicación, eventos adversos y costos evitables para las personas (gasto de bolsillo) y el sistema sanitario.
¿Qué valor le otorga a la posibilidad de no tener que repetir su historial de medicamentos cada vez que cambia de centro de salud o consulta a un nuevo especialista?
Para cualquier persona que navega en el sistema de salud, tener que reconstruir su historial en cada consulta representa una carga evitable, un riesgo de error y una barrera de acceso. Para pacientes con enfermedades raras, poco frecuentes, huérfanas y condiciones crónicas complejas, el impacto va más allá. Muchos han atravesado una odisea diagnóstica —el largo y arduo camino que deben transitar hasta obtener un diagnóstico preciso, un proceso que puede durar años, lleno de incertidumbre, frustración y visitas a múltiples especialistas. Revivir esa historia en cada consulta reactiva la angustia vivida, generando síntomas emocionales y físicos reales similares al síndrome de la bata blanca —taquicardia, hipertensión, sudoración— que pueden interferir directamente en la evaluación clínica y derivar en errores si el profesional no cuenta con el historial que le da contexto para interpretarla correctamente. Un ejemplo concreto: un paciente con hipotensión arterial —presión baja— puede presentar valores de presión aparentemente normales o incluso elevados durante la consulta como respuesta a ese estado de activación, llevando al profesional a una lectura que no refleja su realidad clínica habitual. El sistema hoy obliga al paciente a demostrar lo que ya está documentado, a cargar con exámenes y documentos que validen sus diagnósticos y tratamientos cada vez que cruza una nueva puerta.
Los pacientes conocen su condición y llegan con información valiosa. La interoperabilidad hace que esa información viaje por el sistema y permite que el profesional llegue informado, que el paciente no necesite demostrar lo que ya está documentado, y que el tiempo disponible se dedique íntegramente a lo que importa: evaluar, decidir y tratar.
En definitiva, la interoperabilidad mejora el acceso a la información, centra la atención en lo que realmente importa y devuelve al paciente una consulta de calidad.
Ante el uso de sus datos de consumo para proyecciones de stock, ¿qué garantías de privacidad y anonimato considera indispensables para mantener su confianza en el sistema?
Las necesarias para garantizar que la privacidad y el anonimato sean reales y no solo formales. En enfermedades raras esto representa un desafío mayor que en patologías comunes: cuando una enfermedad afecta a pocas personas en una región, o cuando el tratamiento involucra un medicamento huérfano o de alto costo que solo un número reducido de pacientes recibe, una combinación de datos aparentemente inocua —diagnóstico, medicamento, región, rango etario— puede ser suficiente para identificar a una persona concreta. En una región pequeña puede haber un solo paciente con una patología determinada en tratamiento con un fármaco específico: en ese caso, el anonimato estándar no protege a nadie. La confianza de los pacientes en el uso secundario de sus datos depende de que el sistema reconozca estas particularidades y las aborde con estándares que estén a la altura de la vulnerabilidad real de estas poblaciones. Es aquí donde la capacidad técnica del sistema tiene un desafío pendiente: desarrollar soluciones de anonimización que respondan a las particularidades de las poblaciones más pequeñas y vulnerables, y no solo a los estándares diseñados para enfermedades de alta prevalencia.
¿Porque es importante para el correcto uso de los recursos fiscales subir a toda la red asistencial al sistema de interoperabilidad de Cenabast y asegurar la calidad del dato en los inventarios de las bodegas?
En un contexto de estrechez fiscal, la interoperabilidad es una inversión estratégica y prioritaria que permite mejorar la gestión del abastecimiento y el uso eficiente de los recursos públicos. No obstante, tan importante como ampliar la cobertura es asegurar que los establecimientos ya incorporados generen información confiable y útil para la toma de decisiones. En proyectos de esta magnitud, la calidad de los datos es tan relevante como su alcance, y el avance debe ser consistente con las capacidades del sector.
¿Porque es importante realizar desde el laboratorio hasta el paciente la trazabilidad completa de los medicamentos de alto costo?
La trazabilidad permite fortalecer el control y la transparencia en el uso de recursos públicos, especialmente en medicamentos de alto costo. Contar con información desde la adquisición hasta la dispensación facilita una mejor gestión, reduce riesgos de pérdidas o desvíos y aporta evidencia para evaluar resultados y tomar mejores decisiones de política pública.